miércoles, 22 de agosto de 2012

ALMOHADA DEL CORAZÓN

Mi prima Conchis, pasó por la dura prueba del cáncer de mama. Giovi me había involucrado en el proyecto de las almohadas del corazón, así que hice una para ella.



 Afortunadamente Conchis ha superado la prueba (hasta ahora, porque el maldito cáncer no tiene palabra :S) Eso es para celebrar :DD

viernes, 17 de agosto de 2012

SIN PALABRAS

Será como un efluvio el amor mío
que envolverá tu ser calladamente,
como niebla impalpable sobre un río
y como el aire azul y transparente.

Será un halo en tu pálida cabeza,
un iris en su eterno cristalino,
una flor de tu vida en la maleza,
y un manso atardecer en tu camino.

Como ansia a todas horas renovada,
como una herida sin cesar abierta,
como una aspiración nunca saciada
y como una inquietud siempre despierta...

De mezquinos afanes olvidado,
sólo lleno de tí, de ti suspenso,
y en cada breña dejaré un pecado
y en cada risco un desencanto inmenso.

Despeñaré en un tajo tu amargura
que hacia el abismo rodará perdida,
fundiré en su caverna más oscura
su desconsuelo de enorme vida.

Y si lágrima fue, será rocío;
será rayo de luna si es la niebla;
algo como una estrella en el vacío,
algo como una luz en la tiniebla...

Y hará que mires en el corto viaje,
a través del dolor que tu alma llena,
como a traves del oro de un celaje,
que la vida es muy triste, pero buena...

Y apacible, profundo y silencioso
cuando inclines muy pálida la frente
para dormir el sueño misterioso,
él será como un surco luminoso
que prolongue tu vida eternamente...

Rafael Cabrera

lunes, 6 de agosto de 2012

CANTO AL DESIERTO

Y yo digo:¡Desierto!
con la voz orgullosa de quien dice: ¡Montaña!, ¡Selva!, ¡Puerto!
Para enraizar aquí, junto a la arena de lo que fuera río,
tendrá que ser el hombre como planta
que al reto del ambiente se endurece horadando la tierra
en busca de veneros cada vez más profundos donde se esconde el agua;
que acostumbrar la piel a que reciba
la caricia del sol en llamaradas;
que oír la voz del campo, el polvo, el aire,
aquí, donde hasta el logro
de una mínima flor es importante.
 
El desierto es hermoso. Quien lo habita
lleva sus reverberos en el alma.
Más, para comprenderlo, no hay que darle tan sólo una mirada:
hay que impregnar el cuerpo y el espíritu
de su quietud en soledades áridas,
sumirse en el agobio de los años sin lluvia,
hundirse en el misterio de su noche callada,
gozar con el prodigio del huizache florido
o del nupcial penacho de la palma,
con el suave capullo de algodón en el campo
donde se oye al terrón chupar el agua…
¡Triste de quien se marcha del terruño
a cargar su nostalgia!
 
El ocaso derrama sus fulgores espléndidos
escondiendo los montes, desde donde la noche
desliza su ropaje de silencio;
inquietas las chicharras y los grillos inician su concierto
y al reclamo tierno de la torcaz, se acercan los luceros.
¡Las gotas anheladas cristalizan solamente en la ruta de los sueños!
 
Y cuando la garganta del ave pregona el nuevo día,
los cardenales lanzan su saeta del páramo al mezquite,
los chileros saludan a la aurora
y una bandada de garcillas vuela
del cuadro de la alfalfa hacia la sombra.
Un sol enorme y rojo descubre los milagros:
el trigal inclinado al peso de sus oros,
el algodón brindando sus guedejas al viento…
El aire, siempre seco, trae aliento de brasa.
Cae lumbre del sol a plomo sobre el surco
y sobre el hombre recio que sostiene la pala
distribuyendo el líquido precioso que la presa le manda.
¡Quizá más fertilice la semilla
el hilillo constante que chorrea por su espalda!
 
En los yermos sedientos, en terrenos
donde reina el salitre,
entre arenas, breñales calcinados, espinos cenicientos
y horizontes cargados de espejismos,
van las manos del hombre ganando la batalla
que dará pan a muchos.
La llanura dialoga con quien quiere escucharla…
Yo te escucho,
región de vida dura,
surco abierto
donde se han enterrado tantos sueños y tantos sufrimientos,
y donde sólo arraigan los que te aman,
creyentes invencibles del desierto.
 
Adela Ayala